Articulos Técnicos

PREVENCION Y TRATAMIENTO DE LAS ENFERMEDADES NO INFECCIOSAS

 

Las enfermedades no infecciosas, como los trastornos nutricionales, reproductivos, de envenenamiento por plantas y plaguicidas, etc., causan pérdidas económicas considerables. El esfuerzo veterinario que se les dedica suele ser insuficiente, a pesar de las grandes pérdidas de producción. La actividad dirigida a identificar, tratar, prevenir y administrar las enfermedades no infecciosas debería realizarse día a día y correr a cargo de los servicios veterinarios locales. Sin embargo, cuando aparecen deficiencias de microminerales o de proteína y energía en grandes zonas, puede ser necesaria cierta coordinación centralizada.

 

Para la prevención y el tratamiento de las enfermedades no infecciosas se necesitan los servicios veterinarios tradicionales como la investigación y el diagnóstico. No obstante, dado que las buenas prácticas de ganadería y gestión por parte de los agricultores son fundamentales para la prevención, es preciso asignar mayor importancia a las actividades de extensión y capacitación de los agricultores, a la adquisición y distribución continuas de medicamentos o productos preventivos y a la aplicación tempestiva de las medidas de prevención. Algunos problemas no infecciosos, como la toxicidad, pueden exigir la exclusión permanente de los animales de las áreas contaminadas o la promulgación y aplicación de normas para evitarla contaminación.

 

El desarrollo de un  sistema de vigilancia sanitaria animal, que considera el monitoreo de los indicadores bioproductivos en función de las formas de producción ganadera predominantes, podrá constituirse en uno de los sustentos metodológicos más importantes de que dispongan los Servicios nacionales de salud animal para insertarse eficientemente en un programa nacional de seguridad alimentaria.

 

 

Por otro lado, cabe destacar la importancia estratégica de la sanidad animal en el marco de la sostenibilidad y competitividad de la producción ganadera. De hecho, constituye una de las barreras al comercio de animales vivos y productos de origen animal. Asimismo, la obtención de animales sanos resulta fundamental para proporcionar unos alimentos de origen animal seguros y de calidad a la industria agro-alimentaria, contribuyendo asimismo a su competitividad y liderazgo en el entorno nacional e internacional. 

En los últimos años se han producido graves crisis de sanidad animal que han tenido consecuencias devastadoras en términos económicos tanto a nivel global como  nacional. La influenza aviar, la fiebre aftosa, la EEB o la lengua azul son claros ejemplos de enfermedades que han provocado crisis que han afectado de forma directa a la renta de los productores y han afectado negativamente a la economía general de los países afectados como consecuencia de los problemas de comercialización y de mercados. Igualmente, ante una crisis sanitaria, aumenta la desconfianza de los consumidores, lo que conlleva un descenso del consumo. 

 

Además de todo esto, la sanidad animal ayuda a preservar el medio ambiente. Según datos de la OIE, las enfermedades serían responsables del 20% de las pérdidas de la producción animal. Por tanto, de no controlarse, ello conllevaría que para producir la misma cantidad de alimentos, se necesitaría muchos más animales. Ello implicaría una mayor utilización de recursos naturales (terreno para producir materias primas, agua, etc.) y una mayor cantidad de residuos orgánicos que gestionar. 

 

Debido a esta importancia estratégica que tiene la sanidad animal por su repercusión en la salud y bienestar animal, salud pública y seguridad alimentaria, el medio ambiente y la economía rural, se ha puesto de manifiesto la necesidad de potenciar una investigación, desarrollo tecnológico e innovación que permita dar respuesta a las necesidades y restos sanitarios a los que se enfrentan las distintas especies y modelos de producción existentes. 

La erradicación de una enfermedad animal de todo un país es generalmente un proceso largo, que puede requerir varios años de lucha. El índice de progreso suele ser muy diferente en las distintas áreas de un país. Para tener en cuenta estas diferencias y facilitar la disminución de las restricciones a la exportación, se ha desarrollado el concepto de zonas exentas de enfermedad y zonas infectadas.

 

En muchos países en desarrollo la intensidad de la producción animal ha sido demasiado baja para alentar el desarrollo de la práctica veterinaria privada, y los servicios públicos de sanidad animal han ofrecido algunos servicios clínicos junto con las actividades estatales más tradicionales. Esta mezcla de medicina veterinaria clínica y reglamentación ha resultado satisfactoria en muchos casos, ya que fomenta una relación veterinario/ productor que facilita la inspección del ganado y la extensión informal, a la vez que estimula la cooperación y notificación por parte del productor. El valor de esta relación no debería subestimarse, particularmente en los países con sistemas muy extensivos de producción animal, donde la provisión de servicios puramente clínicos es probablemente antieconómica para el veterinario privado.

 

No obstante, las dificultades económicas actuales están obligando a los gobiernos a pensar cada vez más en la recuperación de los costos y la privatización de algunos servicios anteriormente ofrecidos por el sector público. En el terreno de la sanidad animal, la privatización de los servicios clínicos veterinarios puede ir acompañada de algunos cambios no deseados, como una menor comunicación de las enfermedades a las autoridades de sanidad animal, una reducción del contacto y posiblemente de la confianza entre el productor y el oficial veterinario estatal y una merma del personal veterinario competente disponible para las actividades de lucha contra enfermedades, especialmente en respuesta a las emergencias sanitarias.

 

Algunos países han desarrollado un sistema de recuperación de costo para los servicios clínicos ofrecidos por los oficiales veterinarios estatales. De esta forma, se han concebido planes que reducen significativamente los costes de salarios y vehículos de los oficiales veterinarios para el gobierno, a la vez que mantienen un personal de campo eficaz. Sin embargo, esto también presenta algunas dificultades, ya que algunos veterinarios suelen estar más interesados en el trabajo clínico, en detrimento de sus obligaciones reglamentarias, particularmente si el sistema les permite incrementar sus ingresos mediante el trabajo clínico. Una forma de reducir al mínimo este problema es cobrando un derecho para el Tesoro por el trabajo clínico realizado durante las horas de oficina, mientras que el trabajo fuera de horario se paga directamente al oficial veterinario.

 

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